Las palabras duelen. Las palabras pueden llegar a ser la mayor arma sobre la faz de la tierra. Pueden alegrarte, animarte y hacerte feliz, pero al mismo tiempo pueden destruirte y llevarte a la más profunda oscuridad, donde nadie a escuchado hablar de la claridad.
Fantasmas. Fantasmas del pasado que regresan para recordarte y dejar latente lo que un día creíste olvidado. Para recordarte que no puedes engañarte a tí misma. Para dejar abiertas heridas que creías cicatrizadas. Me atormentan, se apoderan de mí, apretándome el pecho para intentar ganar la batalla contra mi respiración. Trayendome recuerdos y sentimientos, haciendome desear volver atrás y que nada hubiera ocurrido.
Personas. Personas adecuadas en el momento equivocado. Personas perfectas cuyo recuerdo solo plasma sonrisas en mi cara, cuya sonrisa es la razón de mi existencia. Personas con las que la conexión es tan fuerte que jamás pueden olvidarse unas a otras. Cuya huella está grabada a fuego en la mente y el corazón.
Decisiones. Decisiones que pueden llevarte a arrepentirte por el resto de tu vida de no haber elegido a la persona correcta en el momento justo. Decisiones que te empujan a querer vivir de nuevo la felicidad que conociste antaño con la única persona capaz de llenar los huecos vacíos de tu corazón.
Fuiste, eres y serás tú
No quiero esperarte pero poco mando en mi corazón
Eres esa luz que emana debajo de la puerta que me guía,
me empuja en una dirección.
Llenas el vacío que un día dejaste, un vacío inmenso
lleno de recuerdos, caricias y sueños.
El destino ha separado el camino, orientándolo en diferentes
direcciones pero sé que no acaba aquí.
Sé que este no es el final.
Sé que al final, tomarás la decisión correcta.