Muchos recuerdos pasan por mi mente cuando pienso en lo que fuimos. Un binomio perfecto. Conectados por cada fibra de nuestro cuerpo y mente. Inseparables. Antes pensaba con frecuencia en lo que podíamos haber sido, y a veces incluso, en lo que ibamos a ser con total certeza. Pero ya no pienso en un nosotros. Ahora pienso en mí, sólo en mí.
Porque ya no hay vuelta atrás. Ya no habrá nunca más un nosotros. Es renovarse o morir, y ya es mi momento de dejar de perecer. No hay razón alguna para que nuestras vidas vuelvan a conectarse, ya que, ni siquiera una misera amistad eres capaz de ofrecerme. Se terminó el jugar al placer del jugador con el juguete roto, destruyendo cada parte que este logra reparar por sí mismo.
Pienso en mí, cada segundo que pasa de mi vida. En lo que me convertí por complacerte y en lo que soy ahora que me he liberado. Y sin dudarlo prefiero el yo presente, el que ha ganado confianza y seguridad gracias a los golpes que me has dado. Porque con una sola mentira, pongo severamente en duda todo lo demás.
Tengo a tanta gente a mi alrededor que me quiere, a las cuales he ignorado durante tanto tiempo cuando lo único que hacían era aconsejarme lo mejor, justo lo que yo no quería aceptar. Ahora me doy cuenta de quien estuvo siempre ahí, velando por mí, por lo mejor para mí. Tu no estás entre ellos por lo que ¿de verdad me quieres o sólo soy un capricho? Cada día que pasa voy teniendo más claro esa respuesta.
Me suelo preguntar a menudo, ¿ha valido la pena tanto sufrimiento por unos cuántos recuerdos que ya casi no logro recordar?, ¿ha servido de algo las lágrimas y los gritos del pasado? En ocasiones siento que sólo ha sido tiempo perdido, tiempo que no lograré recuperar jamás, pero otras, analizo más en profundidad y llego a la misma conclusión: el quererte, amarte, vivir por tí y sufrir por tí me ha servido para darme cuenta que soy mejor que tú, que yo estoy por encima que todo esto. No haber pasado por este infierno no me habría hecho quien soy ahora, no habría podido pasar del amor a la indiferencia si no hubiera estado presente el dolor.
Ya no duele. Para haber dolor debe haber un corazón roto, y para haber un corazón roto debe haber amor. El amor se marchó con cada mentira. Este ha dado paso a la pura indiferencia. Pudiste tener un puesto especial, pero tus actos te han llevado a ser simplemente, una persona más.
Hoy, por fin, puedo decir adiós.
No hay comentarios:
Publicar un comentario