Paulo Coehlo dijo en su libro El Alquimista que "cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño".
Esto no es del todo cierto. Hay cosas en esta vida que por más que desees, por más que luches para conseguirlas, jamás se harán realidad. No importa las noches que sueñes con ello, las horas de pensar sobre ello, no importa nada porque, simplemente, no estás destinado a poseerlo.
La felicidad para mí, es efímera. Se escapa de mis manos entre cada latido de mi corazón. Puede llegar hoy, en todo su esplendor y escaparse mañana de puntillas en medio de la noche.
Nada es eterno. Los sueños son capaces de hacernos ver la realidad con otros ojos. Sueños tan reales, tan auténticos donde eres capaz de tocar, de percibir olores, de sentir el tacto de unas manos acariciando tu piel. Sueños tan reales que cuando te despiertas en la misma cama vacía de siempre, solo deseas desaparecer del mundo.
Mi esperanza se escabulle con cada brisa de aire. Entra en mi pecho y se lleva mis ilusiones sin avisar, sin pedir permiso. Me arranca lo que es mío, lo que siempre fue mío sin virar la vista atrás y con la cabeza bien alta.
Salgo a la calle buscando incesantemente esa sonrisa capaz de salvarme del abismo en el que me hallo oculta. Pero no la encuentro...
Quizás, hay personas que no están destinadas a ser felices. Quizás, simplemente están destinadas a ver como el mundo gira a su alrededor mientras ellas se mantienen estáticas y solo sean capaces de ver desde lejos como la felicidad inunda la vida de otras personas.

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