Muchos me preguntan como es posible que tenga un afán enorme por viajar y conocer mundo y al mismo tiempo no quiera irme de mi tierra. Son dos cosas diferentes...
Quiero viajar para crecer como persona y descubrir en que se diferencia mi forma de vida con la del resto del mundo, y no quiero irme porque esta es la isla que me vio nacer y en la que he vivido los mejores momentos de mi vida.
En ocasiones es agobiante (posee poco más de 1500 km2), y otras veces es magnífica. Podría ser capaz de perderme entre sus montañas, por sus vertiginosas carreteras, por sus playas... si me fuera, la echaría de menos. Porque es Grande, tal y como dicta su nombre... Mi Gran Canaria.
Dice la popular canción que Sevilla tiene un color especial, pero Gran Canaria también lo tiene, un color único que se mezcla entre la rubia arena de la playa y la verde hierba de sus montañas. Su gente, nuestra forma de hablar, nuestras raíces, nuestras costumbres, nuestra gastronomía, nos hace únicos.
Me siento realmente afortunada de estar aquí, de su mar, de su cielo azul, de sus maravillosos alisios que refrescan mi cara en los días de calor.
Estamos lejos del resto de mundo, pero merece la pena la lejanía, las horas de avión o barco para viajar a otro lugar, cuando sabes que a donde retornas, es al paraíso, porque en tí me quiero quedar...

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